'cookieOptions = {link};'

sábado, 29 de septiembre de 2012

Lithium (End) ~

 Los días pasan. Pasaron y fueron difíciles, eternos, dolorosos. Pero pasaron.
 Me lastimaste ¿Hasta dónde pretendías llegar? Hay partes mías que no van a volver a ser como antes, y todo por obra tuya. ¿Hasta dónde dejé que llegaras? ¿Hasta dónde dejé que manejaras mis pensamientos? Es un crimen compartido, pero no te exonero ninguna culpa: el dolor tan insoportable, nunca fue pedido.
 Y quería (por Dios, si quería) gritarle al mundo que me estabas estrangulando, que tras las excusas amables habían cicatrices y llantos nocturnos, pero ¿Para qué hacerlo? ¿Qué verían? Una chica loca, o peor, una chica que solo quiere llamar la atención, y se aprovecha de una "enfermedad". Lástima. Nunca en la vida pude ver con tanta claridad, como el miedo nos manipula, incluso al querer ayudar. O como la indiferencia nos envuelve.
 Ahora sos como las estaciones: errante. Te quiero lejos, fuera de mi vida. Pero no puedo evitar las preguntas ni el escalofrío al intuir que estas cerca ¿Cuándo esto se acaba? Si tengo que vivir peleando, no me importa.
 Ahora te veo desde una rincón. No me tocas, ni hablas conmigo. Eso es bueno: tu indiferencia me hace sonreír. Pero quedan huellas y miedo de que vuelvas.

 Por hoy es suficiente. Fue un buen día. Mañana es otra cosa.

                                                 No sé que está mal en mí, pero te dejo ir...





domingo, 23 de septiembre de 2012

Lithium ( Pity and Shame)

 Tenías razón en algunas cosas. Había palabras que nunca pude decir por tu censura y porque yo misma las veía "vergonzosas". Al fin y al cabo me dejé dominar por vos. No puedo reclamar demasiado.

 Mi entorno no sabía que estaba enferma. Ese tema era tabú: no se hablaba de mis sentimientos bajo ningún concepto, ni siquiera mi madre, a la que se supone, le tengo que tener una confianza absoluta. Si me preguntaban como estaba les respondía "Andando". Esto era verdad: me arrastraba como podía, y nunca respondía "bien", porque ni siquiera, me nacía decirlo.
 También tenías razón (lamentablemente): la gente no comprende ese dolor desmedido e injustificado ( había venido por causas que aún no tengo claras del todo). Ven a los depresivos como inadaptados, mal queridos, individuos que reclaman atención por medio de esos episodios, y demás. Nadie se acercó a ayudarme.
 Los días eran insoportables, arduos, duros y fríos. Me lastimaba que no me preguntaran. La indiferencia provocaba que te volvieras fuerte, que reafirmaras esa afirmación que rotaba en mi cabeza: a nadie le importa.
 Esto era un cuarto verdad, tres cuartos mentira: no sabían que hacer (eso usar algunos, a mi me parece una excusa) y por esto lo dejaron pasar por mucho tiempo; otros, no lo habían visto por estar demasiado agitados en sus problemas y también había los que no les importaba. ¿No saber que hacer? Me repugna esta escusa. Sé que no debería, pero me llena de rabia: ¿Pretendían que sola lo superar, que fuera algo de un día o que verían como evolucionaba?

 Y las dos preguntas terribles en mi cabeza, golpeaban: ¿No lo ven o lo ven y no les importa? Si me exponía, quedaba desnuda e indefensa a su juicio (odiaba esto), si no lo hacía, el dolor crecía. Me lo preguntabas, el vacío, lo callaba.


                                  No quería bloquearme, pero fue inevitable

viernes, 21 de septiembre de 2012

Lithium (rules)

Me ataste a tus reglas. No son solo tuyas, claro está, porque yo las acepté una a una ¿Las acepté con plena conciencia, o lo hice porque no podía razonar? ¿Acaso no abusaste de mi desesperación? Obviamente, una de las dos, es cierta.
 Me hacías recordar miserias insoportables, dudas dolorosas, y me hacías ver monstruos diurnos que prefería ignorar. Me acorralabas con tus mentiras, mentiras que quizás yo te susurré y vos me repetías incansablemente.
 Me aislaste, me sepultaste, lejos de este mundo, lejos de mis virtudes y las cosas que amaba: me llenaste de odio, un odio injustificado y repugnante hacia mi misma. Me hiciste desear la muerte, la desaparición, el olvido absoluto, cualquier cosa que aplacara el dolor. Me llevaste hacia los extremos de mi mente.
 Pero lo que mas odio de esto, es que me hayas callado. Me hiciste creer que lo mío era motivo de vergüenza, que daba asco, que era indignante que estuvieras dentro de mi piel, que no tenía derecho a estar enferma. No me dejaste decirlo: me sellaste los labios que falsedades. El silencio, que mezquinamente no respondía ninguna pregunta mía, me estrujaba aún mas el corazón agotado. Eras invencible y mi mutismo te hacía aún mas fuerte. No poder gritarlo, no poder escupir el veneno, me fue llenando de yagas, me fue haciendo sentir indigna de la felicidad. Me engañaste haciéndome creer que la gente no me comprendería. Esto es cierto, lo admito y lamento: contadas personas me brindaron apoyo incondicional. Aún así, continuaste lastimándome.
 Me hiciste fuerte. Nunca me creí capaz de semejante estoicismo, pero repito: cobraste un precio demaciado alto por ello.
 Al final del invierno, ya no tenía fuerzas ni para poder caminar o sonreír. Se había caído la máscara.
                                          Quiero dejarlo ir... quiero que me deje ir...

sábado, 15 de septiembre de 2012

Lithium (Underwater)

 Más tarde estaría enredada en un mundo que desconocía. Recuerdo esos días en que no podía identificar al dolor como tal: podía ser una molestia, un poco de sueño, una falta de apetito respectivamente mínima. Todo se canalizaba de forma que yo no podía nombrarlo dolor.
  Ahora que lo veo, creo que era una forma de pelear contra mis demonios. Los negaba.
  Era consiente de que no era feliz. Pero no era consiente de que estaba en el lugar opuesto: no sabía que tenía una enfermedad. Me da vergüenza (por mas raro que parezca) admitir que tenía depresión. No lo hablaba. No existía fuera de mi mente. Para todos solo era un mal día que tenía, para mí era la suma de todas las inseguridades, miedos y dolores. Para mí era una tortura respirar. Sentía que dolía, como una aguja insertada en el pecho. Era angustia, pero tampoco le pude dar el nombre correcto.


 Durante esos meses, para mí ya todo estaba dicho: estaba enferma. Comencé a fantasear con la idea de desaparecer ( no quería morir, porque podía dejar dolor, solo quería desaparecer como si nunca hubiera existido), de dejar todo, de una nueva vida. En fin, de dejar todo lo que me ataba al pasado, y a esa amargura.
 Mis padres nada supieron. Sospechaban. No me ayudaron mucho. Mis amigos no sabían que hacer o decir.
  Ahí me enfrenté a lo peor de mí: estaba en un pozo. Estaba hundiéndome. Sola. No, eso no, nunca me dejaste sola. Siempre me tuviste sujeta a la oscuridad.

                                                    Abandonada en la oscuridad, conozco lo peor de mí.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lithium (that start here)

Aún te recuerdo. Frío, lejano, pero a la vez cruel. Era difícil, y mentía, mentía demaciado ¿Admitir que me estaba matando? No nunca, el orgullo me podía lastimar más que eso, pero le negaba.
 No era superioridad: era meido de tenerlo. De que no pudiera ser feliz ¿Poruqé no ser felíz? No tenía ningú motivo para no serlo. no tenía ningún argumento para rechazar la alegría. Sin embargo sonrerir era doloroso, porque noe ra real (y lo sabía).

 Comencé a hundierme. Así de sencillo, y así lo sentía: era como si el dolor me empujara abajo, a un lugar oscuro donde me dejaría sola, conmigo misma, y con mi miedos. Y quería llorar pero no podía (tenía que ser feliz, feliz, porque tenía todo lo que podá querer). Me ahogaba. Lo citios cerrados me mataban. Sentía que eran como mis miedos: sec erraban con tal sigilo, que no podía ver que cada vez era mas estrecho.
  Por esto es que nunca supe, como me anecontré encerrada en mi misma, gritando al vacío. Gritando a alguien. Pero ese alguien aprecía sordo a mis pedido.



Fue paulatino. Nunca fue algo brusco por un hecho trágico. Fue tan sutil, tan delicadamente discreto, que no lo veía avanzar. Unos días mejor, otros no tanto. Unos días llorando menos, quizás un poco mas. Pero no podía admitirlo. Me sentía ingrata ante lo que tenía. Esa fue la escusa. Tenía todo, no podía estar triste, me faltaban argumentos ante la lógica.


                             Cualquier cosa era mejor que estar con mis miedos.




domingo, 9 de septiembre de 2012

Lithium ~

    No es que no me hayas dejado nada. Es mentira si digo que solo me destruiste. Me enseñaste que el dolor es tortuoso y que la alegría esta  menospreciada. Que la belleza es imposible de medirse. Que el mundo no va a consolarme.
    Y no te digo ingrato, nunca, me dijiste verdades que pocos me dijeron. Me heriste hasta el punto de querer morirme. Y también convenciste mis mentiras de que eran reales.
    Me salvaste de caer en la vanidad de los sentimientos huecos, creyendo que lo son todo. Me ahorcaste con mentiras crueles. Me acuchillaste con temores infundados, paranoias y sueños de los cuales no podía huir.
    Estabas incrustado en mi corazón, bajo mi piel y tus palabras se escribían con mis lágrimas.
   ¿ Agradecerte? Nunca. Fue un precio demasiado alto. No fue en vano, pero el precio terminó destruyendo una parte de mí, que dudo que vuelva a ser igual. Acabaste con mis sentimientos, puros y nobles, teñiste de asco y de odio mi realidad: aún hoy veo las trizas de tu obra.

   Aún hoy temo que vuelvas a pedirme algo. Ahora no, otro día, dame un día para ser feliz o al menos para estar contenta con nada.
   Recuerdo el peso en mi espalda: era el peso de mi ira y mi temor, mi odio. Me abrazabas ahogándome, asfixiándome. En la oscuridad y la soledad, podía ver lo peor de mí. Me cegaste.





                                     No voy a olvidar como se sentía contigo. Hoy te dejo ir.