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sábado, 15 de septiembre de 2012

Lithium (Underwater)

 Más tarde estaría enredada en un mundo que desconocía. Recuerdo esos días en que no podía identificar al dolor como tal: podía ser una molestia, un poco de sueño, una falta de apetito respectivamente mínima. Todo se canalizaba de forma que yo no podía nombrarlo dolor.
  Ahora que lo veo, creo que era una forma de pelear contra mis demonios. Los negaba.
  Era consiente de que no era feliz. Pero no era consiente de que estaba en el lugar opuesto: no sabía que tenía una enfermedad. Me da vergüenza (por mas raro que parezca) admitir que tenía depresión. No lo hablaba. No existía fuera de mi mente. Para todos solo era un mal día que tenía, para mí era la suma de todas las inseguridades, miedos y dolores. Para mí era una tortura respirar. Sentía que dolía, como una aguja insertada en el pecho. Era angustia, pero tampoco le pude dar el nombre correcto.


 Durante esos meses, para mí ya todo estaba dicho: estaba enferma. Comencé a fantasear con la idea de desaparecer ( no quería morir, porque podía dejar dolor, solo quería desaparecer como si nunca hubiera existido), de dejar todo, de una nueva vida. En fin, de dejar todo lo que me ataba al pasado, y a esa amargura.
 Mis padres nada supieron. Sospechaban. No me ayudaron mucho. Mis amigos no sabían que hacer o decir.
  Ahí me enfrenté a lo peor de mí: estaba en un pozo. Estaba hundiéndome. Sola. No, eso no, nunca me dejaste sola. Siempre me tuviste sujeta a la oscuridad.

                                                    Abandonada en la oscuridad, conozco lo peor de mí.

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