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domingo, 9 de septiembre de 2012

Lithium ~

    No es que no me hayas dejado nada. Es mentira si digo que solo me destruiste. Me enseñaste que el dolor es tortuoso y que la alegría esta  menospreciada. Que la belleza es imposible de medirse. Que el mundo no va a consolarme.
    Y no te digo ingrato, nunca, me dijiste verdades que pocos me dijeron. Me heriste hasta el punto de querer morirme. Y también convenciste mis mentiras de que eran reales.
    Me salvaste de caer en la vanidad de los sentimientos huecos, creyendo que lo son todo. Me ahorcaste con mentiras crueles. Me acuchillaste con temores infundados, paranoias y sueños de los cuales no podía huir.
    Estabas incrustado en mi corazón, bajo mi piel y tus palabras se escribían con mis lágrimas.
   ¿ Agradecerte? Nunca. Fue un precio demasiado alto. No fue en vano, pero el precio terminó destruyendo una parte de mí, que dudo que vuelva a ser igual. Acabaste con mis sentimientos, puros y nobles, teñiste de asco y de odio mi realidad: aún hoy veo las trizas de tu obra.

   Aún hoy temo que vuelvas a pedirme algo. Ahora no, otro día, dame un día para ser feliz o al menos para estar contenta con nada.
   Recuerdo el peso en mi espalda: era el peso de mi ira y mi temor, mi odio. Me abrazabas ahogándome, asfixiándome. En la oscuridad y la soledad, podía ver lo peor de mí. Me cegaste.





                                     No voy a olvidar como se sentía contigo. Hoy te dejo ir.

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