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domingo, 16 de marzo de 2014

Casa de muñecas

No es soledad, porque no estoy sola, pero se siente así. Eso lo hace aún mas patético y triste.
 Estoy triste y no lo escuchan. Es conveniente no escucharlo, porque si no lo sabemos no estaría pasando.
 Mi novio sabe (como teóricamente) lo que me pasa. Se lamenta y esos lamentos parece que se pierden en un saco roto. ¿Por qué sigo con él? Odio preguntármelo, pero si no hace nada para despejarme dudas ¿Que razones me quedan?
 Supongo que no me entiende como debería. O entiende pero tiene prioridades. Quejas quejas. Y yo, escondiendome de que me vean.
 Buena hija, muy buena. Dulce y cariñosa, escupiendo bilis a escondidas y leyendo cosas indebidas.
 Quizás la verdad no es como quisiera. Es absoluta y no importa las circunstancias. Yo, pensando tanto voy a terminar enloqueciéndome. Querrá estar conmigo, no querrá... no quiero preguntarmelo, porque no lo sé (Y odio la incertidumbre)
Cuando Torvald, le pregunta a Nora si fue feliz, ella le dice que no. Que estaba contenta y que jamás la comprendió, que él era un desconocido. No quiero pensar que es una ventana a mi futuro.
 Y sigo triste pensando, una combinación desagradable. Pero no puedo dejarlo. Odio esto, que no venga a escucharme, aunque sea para insultarlo.

1 comentario:

  1. Hola Madame, buenas tardes,
    triste sentimiento el que nos dejas hoy...

    Te deseo una excelente tarde de martes
    un cálido abrazo otoñal

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