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sábado, 24 de mayo de 2014

Mente manifiesto

Se cae.
 No voy a pensar demasiado.
 Los dedos se me caen y se derriten. La piel se vuelve una tela que sostiene huesitos. Una tela eslástica que se estira a su antojo. Y voy sosteniendo mis deditos para que no se caigan. Recupero el sentido "Los dedos no se caen".
Pasan los días.
Luces azules, hermosas luces azules.
Pero de las que mas me persiguen, las "alucinaciones" (no quiero llamarlas así) que más vienen, son las que me llevan a sacarme la piel. No es literal: la piel deja de ser una frontera y comienzo a irme de mi supuesto cuerpo. Supuesto cuerpo, supuestas manos, supuestos pies. Me salgo y tengo meido de haberme muerto. Miro los espejos buscando algo, pero la imagen que se refleja no soy yo ¿Quién es ella? No la reconozco, no puedo, no se si quiera. me arrincono, pero ni siquiera puedo estar segura de estar haciéndolo. ¿Cómo explicarlo...? Es como si fuera un sueño, al realidad es un sueño de tremendo contenido surrealista, e irónicamente, mis sueños son bastante realistas. Por eso, puedo ver esas sombras insoportables.

Y luego vienen, ellos, mis compañeros nuevos (he comenzado los "estudios universitarios" o lo que carajo sea a lo que le dedicaría parte de mi vida) a contarme sobre esas pastillas. Si tomara una de ellas, quizás abriría la caja de Pandora.