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martes, 8 de julio de 2014

La ciudad persa

Era para celebrar. Tres gatos locos caminando calle arriba, calle abajo, en espiral, en círculos... Eramos tres rodeando la ciudad en círculos cada vez más pequeños, y la ciudad se hacía cada vez más grande, más amplia, reventada en su propio centro. Es la sensación de que las calles se estiran, que nunca se termina de recorrer a pie todo ¿Comprenden? Se agranda todo y lo rodeamos, nos estiramos, pero continuamos rodando en círculos.

 Y terminamos en la casa donde encontré a "Persépolis" de Satrapí. Me diste el legado persa por un tiempo prestado. Y ella se reía rodando en la cama, entre las uvas fermentadas y barriles de roble.
Todo era blando, suave, la risa fácil, todo era más fácil. Hablaba de más, hablaba sin razones obvias porque no necesitamos razones.
 No sé qué es, o cómo va la cosa, pero quería irme. Me alejé sigilosa por un rato. Por jugar, por las uvas, porqué sí. Porque todo era increiblemente fácil así. Pasamos de un embrollo a que todo sea simple.  Era perfecto no tener motivos. A pesar del dolor de cabeza posterior a las cinco de la tarde.
 Me alejé, volví, nos reímos, hablamos, revolví todo, encontré cajas, libros, ni una pelusa rodando en el piso. Menos de lo mismo.
Los dejo solos, yo me llevo la ciudad persa abajo del brazo mientras la puerta se entorna.
Siento que soy el medio de todo, estoy en el medio de todo, a la mitad de todo y no totalmente a algún lado.

2 comentarios:

  1. A veces no sabemos donde encajamos y nos quedamos en el medio. Me encantó la entrada es preciosa, y la imagen me transmite cierta paz.
    Un besazo <3

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  2. Me gustó mucho tu entrada. Me gusta mucho la película Persépolis, nunca me canso de verla. Saludos!

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