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sábado, 31 de enero de 2015

Crónicas sexuales III: El dilema.

Los límites, odiosos límites que considero odiosos quizás por una aversión infantil. El límite ¿Personal? que debería cumplir. Ciertos parámetros del sexo que como buena fémina debe controlarse. Ciertos parámetros que como hombres deben explorarse... y otros no tanto. La homosexualidad como resentimiento y vergüenza respectivamente. Mi sexo al servicio público.
 No, no es eso lo quiero considerar propio. Los gustos son algo demasiado, demasiado personal para mí. Si no se daña la integridad de los individuos, entonces no veo la pecaminosidad.
 Esto podría decirlo siendo una virgen indignada de que por amor, deberé ceder un montón de cosas, y esperar con vergüenza y sin pedirlo, otras.
 Podría también reconocer la antagónica imagen de la mujer que pide, que pregunta, que permite, que hace de su cuerpo un goce; la paradójica imagen de una mujer que hace del cuerpo y el sexo una fiesta, y ese placer incluye dar placer.
Las restricciones no sirven a ninguno: hacen del hecho algo vergonzoso, algo aburrido, algo tensionante y lleno de apariencias. El límite que debería establecerse uno, es delicadamente preestablecido.
 Sigo fumando, los hábitos no cambian. Y pienso en cuanto tiempo más deberé esperar para no encontrarme con otro consejo ridículo: "si no lo haces vos, lo hará otra". Y yo no puedo ser la primera, la única y la otra, porque la decencia, en esos términos, pasa entre mis piernas.
 Una puta, no merece amor. Un promiscuo, no lo busca ni lo necesita. Y entre tanta desfachatez no tienen el coraje de admitirse jueces.

lunes, 26 de enero de 2015

sábado, 17 de enero de 2015

Crónicas sexuales II: El placer legítimo.

 La primera vez que pude articular los placeres a mi gusto, fue cuando sentí el electrizante temor de descubrir en mi cuerpo una nueva ciencia.  Fue una sensación abrumadora y gratificante, y fue conmigo misma. Una valiosa conclusión vino a mí: es mi cuerpo el que puede generar semejante placer, mi mente y mi espíritu.
 Pero hay placeres que son más legítimos que otros: la homosexualidad vista como una carencia a ser compensada, la virginidad como un peso o un ejemplo de pureza y la bisexualidad como un desenfreno sexual. Nuestra sexualidad es un tema a ser cuestionado constantemente, independientemente de nuestra orientación.
Todo lo que rodea lo sexual, va cargado de un velo de pudor hipócrita, ya que en esta sociedad no hay nada más expuesto que la sexualidad: abierta a todos, la sexualidad es contemplada no como una gama infinita de matices sumamente personales, sino como acciones clasificables. ¿Quieres tener sexo con mujeres siendo mujer? Entonces sos lesbiana. ¿Probar sexo anal siendo hombre? Un homosexual reprimido ¿Has tenido una pareja hermafrodita? ¿Quién era el hombre y quién la mujer? La Sexualidad reclama una justificación para ser analizada por los jueces, no puede ser simplemente un impulso tan personal que no puede ser generalizado.
 Y las prácticas también se recluyen a determinados grupos: Pentración anal hacia hombres, es una práctica homosexual (y lo homosexual como masculinidad denigrada), el tribadismo es un cuestión meramente lésbica. Y estos placeres se los puede considerar ilegítimos. La relación es tal sólo con penetración genital, lo cual denigra otras prácticas como la masturbación o el sexo oral, entre otras. Estos placeres mencionados se ven como cosas incompletas a pesar de que pueden causar satisfacción.
¿Será que aún persiste la idea de que el placer completo, total y legítimo, es aquel que puede dar por resultado procreación?
 El placer sólo parecería ser completo en la pareja legítima (la heterosexual), y quien puede determinar mejor que nadie lo legítimo, que las normas morales, con sus jueces y vigilantes.
 ¿Por qué los placeres, deben ser legitimados por alguien?  ¿Por qué llego el punto en que nosotros msmos buscamos esa legitimidad, no evaluándola en la calidad del placer, sino en la mirada ajena?

sábado, 10 de enero de 2015

Charlie

La distancia entre el hecho y el tiempo en enterarme, fue casi inexistente: el acto terrorista en la editorial de la revista Charlie Hebdo estaba saliendo en las noticias como un flash informativo de último momento. Datos confusos y precipitados con la certeza de los doce muertos, integrantes de la editorial, caricaturistas y editores. 
  La noticia es así de confusa para mí. Sigo intentando comprender como ocurrió esto supuestamente espontáneo. Me puse a investigar más allá de los culpables y las víctimas por qué pasó esto. Y encontré ante mi  sorpresa el desfile de portadas ofensivas y satíricas. No había visto ningún tipo de noticia haciendo crítica a estas portadas, era normal que circulara por ahí con sus sátiras. 
¿Qué es lo intocable, lo sagrado, lo tabú, lo que no se debe ridiculizar? ¿Cuál es el límite de la libertad de expresión? ¿Es eso libertad de expresión o una deliberada impunidad que se ejerce? 
  Los radicales islámicos ven en occidente la decadencia: la muerte de Dios. Hay que alejarse de esa peste. Hacer que la diferencia de hábitos y creencias sea un abismo infranqueable.
 Europa teme a los islámicos. A pesar de ser un grupo ya incorporado a la sociedad, no se puede descartar el rechazo. Ven en ellos una sociedad incivilizada, extrema, ridículamente creyente. Y cree occidente que tiene la sociedad civilizada que ellos necesitan (Francia ha creído ser siempre lo mejor de Europa... así se creyó en América). Y tienen el derecho de sacar a relucir de la manera mas irreverente  esta realidad. 
 Oriente fue sometido por Europa. África y América tmabién lo fueron e incluso hoy se sigue viendo a estos continentes como inferiores a la cultura adelantada Europea. 
 Y la guerra, desplaza masas de gente, pero en esas crisis económicas y sociales profundas, surge una figura salvadora y necesaria: un lider que viene a traernos la paz en un precio alto y desesperado. Surgen disctaduras  y movimientos extremistas dispuestos a erradicar el cancer con odio. Y esto movimientos involucraron al islám en oriente. 
 El odio entre los extremistas es una condición: odio a esas culturas retrógradas que someten a su gente a la msieria (porque por supuesto, las guerras por el petroleo o el control de las colonias en áfrica no están realcionadas), ser mejores, más libres, más avanzados, y mostrarles lo que creemos que es la verdad y la justicia. Odio a esa decadencia que es occidente, hundida en el consumo y la codicia, en la intolerancia hacia las otras culturas, el desprecio hacia la religión y lo sagrado.
¿Quién fue el primero en iniciar este ciclo? ¿Cuántas victimas más se llevará la intolerancia?
 Las víctimas no son los terroristas, son los pueblos que son masacrados en su nombre. Los victimarios no son doce caricaturistas, son las culturas intolerantes.

lunes, 5 de enero de 2015

Como corresponde

¿Qué pasa si ya no tengo nada más para decirte? ¿Si ya me olvidé de todas las formas que tenía de evocarte la ternura?
 No, con él no tengo necesidad de ternura. No tengo, somos amigos y los amigos son bruscos como si fuéramos los dos hombres, y yo, un hombre mental. Pero nos besamos y desarmamos el sillón igual. Sin dejar de ser amigos, en ese equilibrio que nos hace restringidos en lo que no deberíamos e ilimitados en lo que sí. Según me dicen, el trato es muy franqueable por las circunstancias.
 Finjamos que todo está indiferentemente bien, caigamos en lo mundano como una escapatoria y por último procuremos no recordarnos cariñosamente. Yo puedo hacerlo, él no sé.
Después de mi frustrada primera relación, supe que los sentimentalismos solamente alimentaban ideas estúpidas: "Nunca voy a dejarte ir y te esperaré" si hubiese sido tan valioso para ambos, hubiéramos sobrevivido a las circunstancias. Pero no, el tedio y las obligaciones terminan por alimentar nuestros egos, mas necesarios e infantiles para sobrevivir.
 Hagamos las cosas como no corresponde: la moral es el mas sublime de los inventos para justificar las conductas: prefiero creer en el egoísmo altruista, el egocéntrico hombre haciendo el bien por él y los otros y la gloria que pueda obtener de ello. No voy a oír las críticas a nuestros secretos.
 Pero cuando el tedio arribe sabré como despedirme.
 Y tengo el mismo temor de que voy a hacer cuando ya no tengamos anda que decir o peor aún que tengamos algo que decirnos.


viernes, 2 de enero de 2015

Crónicas sexuales: Parte I: La virginidad violenta

Cuando tenía diez años ya sabía dos cosas: la primera era que el arte iba a salvarme la vida, y la segunda, que la virginidad es algo doloroso. 
 Fue muy sencilla la explicación que me dieron: como la vagina es mas estrecha que el diámetro del pene, en la primera relación (que por cierto no entendí bien cómo era ni en donde iba cada cosa) se produce dolor, un ligero (""""""""") sangrado (¡Ligero dolor que sangre!)y se pierde la virginidad. Supongo que la brutalidad del hecho fue suficiente para hacerme sentir que el sexo no era un asunto fácil para las mujeres. Y la que me lo dijo fue una mujer, atestiguando su propia experiencia como un ejemplo de esto. Terror.
 ¿Cómo puede una niña de apenas 10 años ya saber que la sexualidad (SU sexualidad) va a ser un proceso de dolor para luego placer? (Muy marquez de Sade en "Filosofía del tocador" cuando se le explica a Eugenia la mecánica del sado-masoquismo) Ya teniendo diez años me habían enseñado una sádica conducta. Y pregunté suponiendo que el sexo era igualdad (sí lo es en realidad) si para los hombres era doloroso. "No" me dijeron "¿Por qué no?" "Bueno, el sistema reproductor femenino es más delicado".  Hay un hecho que hubiera agradecido que nos dijeran antes: la vagina es muy elástica: puede incluso estirarse 200 veces su tamaño normal (por eso es posible el parto). Y que el dolor de la primera vez, puede ser disipado con unas caricias a gusto.
   Pero para poder tener sexo (sexo de verdad, con penetración, porque por supuesto todas las lesbianas son vírgenes si nunca estuvieron con un hombre) debía haber penetración.
 Nunca nadie me dijo que me relajara cuando tuviera la primera vez (donde se produciría el ritual sangriento de la pérdida de a virginidad, arrancar mi flor, que me rompan la concha, que me la ponga... a propósito, en todas esas expresiones soy un sujeto pasivo, el que recibe la penetración es sumiso e inactivo... ge-ni-al). Mis amigas y compañeras contaban sus experiencias precoces (al rededor de los 14 o 15 años, al menos para mi era precoz) con una gran desilución esperada: te la tenes que bancar, decían (bancar=soportar pero más estoicamente).
 Y ahí alcé mi voz y mi vagina: ¿Soportar algo que no me gusta? ¿Por qué la sexualidad debe ser complaciente con los otros obligatoriamente? He escuchado a mujeres decir, y repetir, y repetir: te va a dejar,no lo dejes caliente, no hagas algo que le moleste, obviamente que se va a enojar si no le dejas por atrás... ¿Dónde estoy yo en eso? No me place ser el consolador humano. Si no me place no lo hago.
 Eso fue lo primero. Lo segundo fue la violencia. "ROMPER LA TELITA" esa es una clásica. La pérdida de la viginidad se ve como una Sesión Dolorosa y es injusto para las mujeres porque para los hombres es muy placentero (según cuenta doña Constanza).  Y debes hacerle caso si es experimentado porque él sabe que es lo mejor (¡Dios mío, ese hombre X conoce mi propio cuerpo mejor que yo! ¡Milagro!). Una buena chica no pide chanchadas, y si lo haces no va a creerte que sos virgen.
 Todo eran más prohibiciones que libertades. Mi propia sexualidad montada en un juzgado (¡Nena! ¿Cómo vas a hacer eso?) y mi placer vendría después (y luego debía sentir extremo placer, sino sería una frígida)
 Me sentía atrapada ¿Acaso no había manera de evitar que fuera doloroso? Nadie nunca me dijo nada. Me decían que sería horrible. Y que él debía ser satisfecho. Mi placer era algo secundario y mi humillación inminente. él tendría mi florecita y se sentiría satisfecho por ser el primero, mientras yo me sentiría culpable, desilucioanda, usada y triste. Terrible destino inventado para evitar que me volviera una puta (Persona que Usa su sexualidad Tanto como le Agrade).
   Pienso en cuantas mujeres creen esa historia y su primera vez están aterradas (en el sentido más pleno de la palabra), no piden lo que desean, explorar su sexualidad con culpas y comandadas por un segundo y no descubren que es lo que quieren.
 No perdemos nada: ganamos experiencia.
 ¿Y que pasó con mi curiosidad, eh?