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viernes, 6 de febrero de 2015

Insomnio 9



  Yo amé a un hombre una vez, pero a vos, a vos te quería por sobre todas las cosas, y ahora te digo con desgano, sin ningún ánimo de ofender porque para mí no es nada ofensivo: simplemente es un nombre que agudiza los oídos, y llama la atención. Y te lo digo burlando el insulto, y te lo digo enojada: Puta, yo te quería. Y me dejaste. Y apelo a tu indiferencia para denigrarte fallidamente con el insulto: Puta, aunque seas casta. Quiero dejar los pretextos y las explicaciones; quiero lastimarte un poco como enfermiza manera para que me des atención. Puta, yo te quería.
  Y ahora me es indiferente (¡Mira el palacio indulgente que nos hemos hecho!) si me dejas o no. quizás me hiere ver la rapidez con la que se diluyen las promesas adultas. Él te va a querer más supongo. Pero estoy segura de que te va a decir Puta, alguna vez. Y esa vez va a ser la última, porque aunque te quise y me lastimaste, nadie te va a decir puta, con una intención inofensiva y patéticamente desesperada. Es contradictorio y me jacto de decir que es humano. Que hablábamos de todo y ahora, pareciera darte asco estar juntas y el tedio fuera un bálsamo para nuestros días agitados. Tu madre no me quería. La mía te consideraba pusilánime.
 Eramos amigas, puta, y la única que se lamenta es F, quién esta por ahí lloriqueando por lo que eramos. Y quizás no fuimos nada más que compañeras que pasaron el tiempo juntas, haciendo llevadero el aburrimiento. Ahora nos toca ser adultas, y la adultez me suena a una prepotencia absurda, colmada de sarcasmos.
 Pero si un día me necesitas, a pesar de todo el tiempo que me dejaste sola, y que rompiste esa armonía juntas, a pesar de eso, voy a estar ahí para decirte: Puta, va a ser facilísimo quererte de nuevo.

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