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lunes, 30 de marzo de 2015

"Algo muy grave va a suceder en este pueblo" García Márquez.

Leyendo  a un viejo ruso (Bajtin) me encontré en su texto "Teoría y estética de la novela" un párrafo que dice: "...comprobaremos que grande es el peso de las expresiones "todos dicen" y "ha dicho" en la opinión pública...". Y como una cosa lleva a la otra recordé un cuento de G.Márquez mientras me reía de la conexión de un viejo ruso con el colombiano:
               Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.
FIN



Fuente:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/algo_muy_grave_va_a_suceder.htm

domingo, 22 de marzo de 2015

Crónicas Sexuales V : Los fines de la virginidad (parte I)

 La primera vez que oí a una chica contar de su primera vez, nombró la obligatoria rotura del himen y luego una sensación agradable. Otra dijo que tenía que morder la almohada para no gritar. Una incluso le pidió a su novio que parara y éste le respondió "Ya llegué hasta acá, no puedo quedarme así" y siguió bajo el consentimiento manipulado de ella. Otra que no lo disfrutó. Y todas tenían la garantía de que mejoraría luego. Me molestaba esa negación del placer en la primera vez y la sádica idea de que como ceremonia de iniciación debía doler.
Pocas cosas capturaban más la atención en el secundario  que hablar sobre la pérdida de la virginidad. Los exámenes y los eventos de hace cien años no se compraban con los misterios que encarnaba para las vírgines el proceso. Y el proceso tenía un ley que me atemorizaba: dolor. La primera vez dolía a las chicas y no a los chicos, eso explicaba la resistencia de algunas y la desfachetez de otros (teoricamente).
 Nunca nos hablaron en mi colegio muy bien de que pasaba. Y yo tenía una idea más o menos vaga. Cuando crecí un poquito más, me di cuenta de que tenía más claro como las lesbianas tenían sexo  que los heterosexuales. Yo veía lo que había afuera y me parecía suficiente.
  Para las chicas, los 15 años era la línea de arranque. Llegar a esta edad sin ser besada, era una vergüenza ¿Por qué nunca has tenido novio? Preguntaban y la excusa "no se me canta" no era válida. Había que tener algo de zorra, pero siempre respetando el límite y contradictoriamente asintiendo ante la frase "ella es una calentadora". Estas hipocresías me tenían muy mareada. Y esta primera vez, de preferencia con alguien que te quisiera, porque así se iba a preocupar por tu bienestar.
Mientras, con quince años, recién estaba investigando por mí misma las intrínsecas experiencias que podía sentir y así cuando viniera el momento de perder la tarjeta V, sabría que pedir. Y esto se contradecía con mi supuesta condición de pureza.
 Me di cuenta de esto con algunos comentarios simples, diciendo que pedir más era de desesperada, de loca, de ninfa. Qué el sexo tenía un límite de satisfacción y que si estaba cansado  era latoso pedir más. Un amigo me resumió la situación en una frase "acabé yo, acabó el mundo" Y era un tanto así, como me enteraba. Las chicas sentía vergüenza a la luz, a las otras formas de sexo, a ser tocadas, a pedir. El sexo era la manifestación más pura de cómo nos habían educado. Y me reventaba: me reventaba de rabia no poder gozar y que mi goce tuviera algo de impuro, de sucio, de fluídos, de gritos, de un gesto de dolor en el rostro. Sí, el placer femenino era abyecto, misterioso, inexistente y obligatorio.
Todo era una combinación de contradicciones asfixiantes. Te debía gustar con el paso del tiempo. Superado el dolor de la primera vez, debía de ser agradable sino ¿Qué es lo que anda mal? No se comentaban en el aula técnicas de masturbación o cómo pedir que se acaricie en el punto justo. Ni siquiera muchas chicas sabían que existe la uretra diferenciada de la vagina. La ignorancia nos dejaba a merced de nuestra insatisfacción  y la resignación. El sexo hecho lúdico tenía algo de pecado denigrante. Lástima.

sábado, 14 de marzo de 2015

La retrospectiva de un tren

Que suerte del tren y de los 40 minutos que me saca de mi vida. Y me pone a pensar, quizás por el balanceo inútil que tiene. me alegra el último tren, cuando llego temprano y lo tomo, en esas ocaciones puedo ver como va rapidísimo y abandona las luces con su paso rapidísimo. Cuando llego a casa, ya tengo las ideas apartadas de la mente. No puedo sostener la ebullición que hay entre los vagones: eso termina y comienza allá.
 Y encontré entre mis cosas unos libros donde anotaba cosas que creía. Unos diarios de mis catorce años. Iban más o menos así, hasta que encontré un pasaje penoso:
"Siempre me dijeron que fui linda, pero eso es inútil. Nunca tuve novio y me avergüenza afirmar que quiero uno. Un novio para  sentirme querida y bonita de verdad. Si alguien pudiera quererme, yo me querría un poco más.
Me dicen que es por mi carácter: malhumorada, triste, brava, muy brava y rebelde y violenta y masculina. ¿Qué tiene de malo? Se ve que esas cosas asustan a los chicos y no saben que hacer. Eso me dicen. Entonces me pongo más dulce porque eso me calma un poco y trato de dejarles dar el primer o el segundo paso, no responder, no ser fácil. Ninguna de las chicas fáciles tiene novio. Y a ellas no las quieren por mucho tiempo. Pero a mí me reprochan ser tan distante. Es todo muy triste, es muy triste tener mi edad, no me gusta tener que depender así, pero me hace muy infeliz que me juzguen. No puedo omitir el gusto de tener un novio y sentirse amada, pero tampoco puedo lanzarme. Es todo muy apresurado."
¡Cuánto tiempo amargada pasé por esto! Y qué inútil fue descbrir que no me satisfacía tener a un idiota de novio. Siempre lo intuye, pero me hacía sentir mal ser diferente: la originalidad era un absurdo para mí. Yo quería pasar desapercibida y que alguien me descubriera. No era necesario, ni quiero que vuelva a serlo, como me pasó hace menos de un años atrás. Este es el primero de los defectos. Ahora espero que anochezca para que el  flamante compañero me haga cosquillas en las orejas.

domingo, 8 de marzo de 2015

Primer día de la mujer (consiente)



 Pasaron muchos 8 de marzo que me fueron indiferentes. La gente me felicitaba por ser mujer, porque era mi día, pero no entendía porque había que felicitar el ser mujer, si el día era la conmemoración del asesinato de las trabajadoras que protestaban. Nos contaban la historia y nos pedían un vago agradecimiento.

 Ser mujer como algo más que tener caderas y usar zapatos. Ser mujer, lo que es ser mujer ¿Quien lo decide? Puedo decidir que hacer con mi vida, si tener hijos o no, manejar, votar, estudiar, trabajar. Todo esto se logró y fue fundamental para las mujeres y su desarrollo. Pero no podemos escudarnos detrás de "si no sufro la desigualdad, no existe". Una de cada cinco mujeres, será sexualmente atacada alguna vez en su vida, eso quiere decir que en algún momento conoceremos a alguien que ha sido atacado. Y cuando supe que le pasó a una amiga, el número se volvió vacío y tomó un nombre. El problema ya no era "EL PROBLEMA" era MÍ problema, el de mi amiga, el de todas las mujeres y el miedo horrible que sentimos, el que ella sintió y le sigue doliendo. Y en mi país está penado, pero en muchos la violación por parte de una pareja no se considera tal, y el hecho de que el mundo quede tan lejos, no me parece suficiente excusa.

 Ser mujer para nosotras y por nosotras, poder decir que deseamos y que queremos y no considerarnos inferiores ni permitir que se eduque a mujeres y hombres para que lo crean. Nuestra fortaleza es más allá que la fuerza extraordinaria de una sala de parto: la fortaleza del día a día, enfrentar nuestra situación, cuidar a nuestros hijos, progresar en el trabajo, emprender proyectos exatrordinarios o tener proyectos con nuestras parejas.

 Ahora sé nuevas cosas, que debieron estar siempre ahí. Por el sexo descubrí que se pueden amar todos los géneros y que esto no significa tener sexo con todos. Por el amor descubrí que el amor deja de ser amor si me manipula.  Qué no me respeto menos por mi sexualidad, que merezco el mismo respeto que una puta o una monja. Que nos merecemos ver en nuestra sexualidad, algo nuestro y no para otros fines: cada una que pueda decidir que hacer con su sexo, su sexualidad y su género y respetar las decisiones. En fin, descubrir como vivir y amar a las personas independientemente de que lo que sientan nos hayan dicho que no es amor.

 Me retumbó la frase "si tocan a una tocan a todas" como una mafia dispuesta a tomar venganza. A todos les parecía exagerado, en lugar de la más pura muestra de empatía: entender que la violencia es un problema social, que nos involucra porque somos una sociedad y somos humanos. La violencia (no importa hacia quien dirigida) no debe pasarnos por alto (no importa quien la ejerza), no debe ignorarse bajo la frase "se lo merecía". La mujer es demasiado débil en este contexto como para ser violenta y el hombre es muy fuerte como para someterse al miedo y la violencia y si lo hace ¿Qué clase de pollerudo es? Es triste y ridículo. Y la mujer violenta es grotesca. La mujer golpeada, debe tener algo de culpa porque ella elige a ese hombre, una y otra vez. El hombre golpeado no puede contenerse, quizás tiene un pasado conflictivo. Las compasiones mal dirigidas nos dejan desprotegidos.

 Pero hoy no protesto por ser mujer, no me quejo ni me maldigo: No deberían permitirse tales auto-desprecios. Hoy pienso que como mujer tengo la posibilidad, gracias a el sacrificio de otras mujeres,  de seguir haciendo más. Celebro la libertad conquistada y la lucha