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jueves, 9 de abril de 2015

Crónicas sexuales V: Los fines de la virginidad ( parte II)





No niego la molestia, pero el placer se encuentra en otras partes del cuerpo y si se ignoran en  la relación, se vuelve un proceso repetitivo y monótono. Y esto no es exclusivo de las mujeres. Pero probar otras cosas siendo hombre puede llevar la etiqueta  de "homosexual" molesta o una idea asquerosa sobre los fluídos; la ignorancia del propio cuerpo y el constante éxtasis (fuera de sí) que impide ver al placer como un proceso único de cada uno, arraigado en las entrañas  y cuyos únicos jueces de su calidad, podemos ser nosotros mismos. Esto por supuesto, era superfluo a la hora de la mediocre clase de educación sexual decirnos que nuestros cuerpos y sus posibilidades son nuestras.


 La presión por perder la virginidad muchas veces no venía de los novios sino de los amigos. Entre los chicos era de vital importancia ponersela a alguna chica y no era considerado humillante que fuera con una chica semi inconciente en el baño de un boliche. Nada de sentimentalismos. Ellos tenían sexo antes de hacer el amor con la privilegiada. No había que esperar mucho: los trece era la línea de partida y los dieciocho el límite a considerar para no ser el "por siempre puro". La pureza y la virginidad eran cosas que le quedaban más adecuadas a las muchachas.
 Siempre había un buen amigo dispuesto a ceder la casa para la gran pérdida. Y la pérdida  era un empoderamiento de la masculinidad y su afirmación como heterosexuales. Incluso una lista de fantasías a cumplir otorgadas por actrices de una flexibilidad increíble. En todo estaba el sexo y debía desahogarse. Siempre se inventaron excusas: que provocaba tensión, que provocaba mal estar, molestias, incluso irritación en la piel. Y masturbarse era una muestra del virgen que se desahogaba (según los dichos populares) constantemente. Esto (Esta noción de que era la mente de un chico de 15 años y la afirmación constante por parte de mis amigas de que sólo querían sexo) me hacía sentir que cada chico que se me acercaba, buscaba en el fondo sexo. Y que como chica debía tener cierta resistencia. Pero si él se esforzaba mucho mucho, merecía mi prenda dorada.
Me cuesta hablar de los chicos y su virginidad. Es un misterio: solamente algunos han podido decirme dos o tres cosas. El resto eran comentarios despectivos sobre su "condición". Y había que curarse antes de que se hiciera gay o muriera de la tensión (dos cosas planteadas atrosmente como igual de graves). Pero la presión era siempre la misma: perder la virginidad a los dieciseis como un número favorito. Hace unos años se llevaba a cabo la ceremonia de llevarlos al prostíbulo, incluso  continúa estando ahora, pero produce más rechazo. Aún así el virgen sigue siendo una especie afeminada y reprimida porque ¿Para qué un chico querría seguir siendo virgen?



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