'cookieOptions = {link};'

lunes, 8 de enero de 2018

Mía

Imagen relacionada


Soy una perra. Soy ese pedazo de carne que no debería ansiar la humillación. Soy la parte que quiere el dolor porque se descubre en él. Incomprensión y patología: cómo desear la aberración, tan terrible como desear un hijo ciego o down.

 Quiero a mi amo, quiero que me aplaste con sus botas, que me tire del pelo. Quiero que me use, a escondidas, porque esas feministas me van a decir que yo "erotizo la violencia heteropatriarcal". Que me autolesiono. Que me castigo porque algo hice mal. No comprenden nada, porque no desean escuchar nada.

Ellas, que cogen por amor, van a terminar más usadas de lo que yo deseo serlo. Porque el amor es terrible y el deseo que viene del amor es péligroso. Porque por amor no podes decir que no, porque después él va a reclamar. "Nunca hacemos lo que yo quiero" "quiero probar cosas nuevas". Quizás sea cierto que los hombres, esos potenciales violadores peligrosisimos, quieran tener el control.

Pero en realidad, lo que mi amo quiere es que sienta todo el placer posible de las maneras más personales. Me conoce bien, al punto tal, que sabe cuando estoy por llegar al orgasmo (diganme vainillas, si sus novios tienen esa sensibilidad, o si dedican tiempo a ello), para. Espera. Va mas lento. Sabe que quiero. Controla cuando acabo. Pero yo tengo la garantía de acabar. Siempre. Es parte del pacto que tenemos: el placer mutuo en dar placer. Yo con mis fuck face, el con la lengua. Yo atada, él parado frente a mí, enorme, imponente, dandome cachetadas y besos en la frente. Me araña y muerde, me golpea, me deja llena de deseados moretones, y luego, me da besos, me abraza y me prepara una malta  o un té como a mí me gusta.

No creo que sepas ni quieran saber: es una relación de confianza y de respeto. Donde pido que hacer y lo consensuamos. ¿Por qué no puedo desear el salvajismo y ser una cosa? Recuerden: la que dice basta soy yo y la que puede terminar todo con una palabra soy yo. Si quiero terminar el asunto, terminará. Quiero ser la cosa hasta decir basta. ¿Y si él no entiende mis palabras? Entonces, nunca más me volverá a tocar. Y sabe de esta determinación. Ama mucho a esta puta y a sus deseos de ser sometida. Y por eso se que a él le puedo decir, sin temor a un berrinche, que no.